El Gobierno de Silvio Berlusconi ha caído por su incapacidad de poner freno al desplome de credibilidad de la economía italiana frente a la dictatura de los mercados. Sin embargo la causa que ha desencadenado su deposición no ha sido un movimiento de protesta o de contestación popular, sino unas maniobras internas a la clase política italiana – en la que los poderes fuertes de la Unión Europea (UE) han jugado un papel discreto - a la que la ciudadanía ha asistido pasivamente, abucheando o vitoreando sus protagonistas como si de un evento deportivo se tratara. Si es verdad que las encuestas vaticinaban un desplome de la popularidad de Silvio Berlusconi a mínimos históricos, atribuir el cambio de Gobierno a los resultados de esta encuestas equivale a remplazar los instrumentos de participación democrática con otra dictatura, la manipulación mediática de los sondeos
2. Porque Berlusconi sigue asentado en el poder
El Partito della Libertà es la pieza clave de la mayoría gubernamental que sostiene el Gobierno de Mario Monti. A pesar de no tener en ella el papel predominante que tenía el la precedente, sí es indispensable. Silvio Berlusconi mantiene el control pleno de este partido, y, de consecuencia, conserva un enorme poder de influencia sobre el desarrollo de la política italiana – con la ventaja añadida de poder aparecer en primer plano solo cuando le convenga
3.- Porque los fundamentos ideológicos del régimen siguen vigentes
La caída del Gobierno de Silvio Berlusconi no ha sido acompañada por una critica pública de sus fundamentos ideológicos. Más allá de los excesos mediáticos (el bunga-bunga, las fiestas, los chismes de mal gusto, las meteduras de pata en el escenario internacional), el Gobierno de Silvio Berlusconi ha sido la expresión de una amplia mayoría social y política fundada en el individualismo social, una concentración del poder económico, financiero y mediático sin precedentes, la desregulación del mercado laboral, el desprecio hacia la función pública, la ley y sus ejecutores, la corrupción económica y moral, el patriarcado machista, la liberalización y comercialización de los bienes comunes, la exaltación acrítica de soluciones privadas y individuales a las necesidades sociales. Ninguno de estos presupuestos políticos y ideológicos ha sido explícitamente cuestionado durante la transición desde el viejo al nuevo gobierno. Por supuesto, sí cabe esperar que el nuevo escenario político introducirá un replanteamiento de algunos de ellos, y un estilo más civilizado en otros que hacían de Italia un caso impresentable de Republica Bananera en la Europa del Siglo XXI
4.- Porque las bases materiales del poder de Berlusconi siguen intactas
La concentración de inmensos recursos económicos, financieros y mediáticos en las manos de un político de primer plano sigue intacta. Por supuesto, afrontar el “conflicto de intereses” no está en la agenda política italiana en este momento
5. Porque los tecnócratas son el problema, no la solución
En Italia se está realizando un experimento de ingeniería política de lo más avanzado en el mundo occidental: el de un gobierno compuesto exclusivamente por personalidad formalmente ajenas a una filiación política concreta: lo que con calculada ambigüedad se define un gobierno de “tecnócratas”. Mucho se podría discutir sobre si la califica de “técnico” se aplica a Mario Monti, un político ligado originariamente al “partido nuevo” fundado da Berlusconi en 2001, y que el líder “envió” a la Comisión Europea para quitarse de encima un competidor que podría hacerle sombra en el escenario político nacional. Sin embargo, aún aceptando esta definición engañosa, no es ahora el momento de “gobiernos de tecnócratas”, sino de gobiernos que asuman decisiones profundamente políticas. La salida de la crisis económica no es un proceso políticamente neutral. Se puede salir de la crisis salvaguardando los bolsillos de los ricos, de los especuladores y de los emprendedores, o los de los trabajadores, pensionistas y parados. Se puede salir de la crisis salvaguardando derechos y redes de solidaridad sociales, o institucionalizando el darwinismo social y el “salvase quien pueda”. La demagogia del “gobierno de tecnócratas” conlleva una trampa extremadamente peligrosa para la salud democrática: las medidas políticas que el Gobierno tomará para atajar la crisis ya se presentan como “inevitables”, y como tales se substraen al necesario debate público democrático. Se presenta la quiebra del país como la única alternativa al cumplimento del programa del Gobierno de Mario Monti. Naturalmente, cualquier critica desde izquierda al programa del nuevo gobierno se descalifica como “pinza” que favorece objetivamente la vuelta de Silvio Berlusconi al poder. El There Is No Alternative de Margaret Thatcher resuena amenazante en el escenario político italiano
6.- Porque el nuevo Gobierno ahondará en los “planes de austeridad”
Las “medidas de austeridad” a las que el Gobierno de Silvia Berlusconi se comprometió en su últimos días con la UE (y aprobadas por casi todos los grupos parlamentarios a la vigilia de las dimisiones del Gobierno) tienen una impostación claramente liberal: desgravaciones fiscales para los contratos temporales, liberalización y comercialización de los pocos servicios municipales todavía gestionados por el administración pública (incluida le gestión del agua, que el pueblo decidió en referéndum el pasado octubre quedarse bajo pleno control público), aumento de la edad de jubilación, precarización de las condiciones laborales y salariales de los trabajadores públicos, recortes en los presupuestos de las administraciones locales. La implementación de este primer “pequeño” (según la UE) plan de ajuste está a cargo del Gobierno de Mario Monti. La UE ha dejado claro que estas medidas no son suficientes, y que se necesitan más austeridad, más recortes y más ajustes. El Gobierno de Mario Monti obedece, en ara de devolver confianza a Italia en el marco europeo. El programa económico del nuevo Gobierno está todavía envuelto en secretismo y incertidumbres. Sin embargo, las primeras filtraciones apuntan a una disminución de los impuestos directos para las empresas, un aumento de los impuestos indirectos (IVA), la reintroducción del impuesto sobre la primera vivienda, y más liberalización económica. El impuesto sobre las grandes fortunas – gran esperanza del pueblo de izquierda con la nominación del de Mario Monti a Primer Ministro – no esta en la agenda política del Gobierno en este momento.
7.- Porque el Gobierno “técnico” aumenta el descrédito de la democracia
Como en otros países europeos, el descrédito que los ciudadanos expresan hacía la clase política está muy extendido. El nuevo Gobierno de Mario Monti presume ser compuesto solo por técnicos sin afiliación política. Un improbable éxito de sus esfuerzos para atajar las consecuencias de la crisis económica tendrá como consecuencia ahondar en el descrédito hacía la democracia representativa. La historia reciente de Italia nos muestra las salidas que se han dado a momentos de crisis de la democracia representativa: el fascismo, el terrorismo de estado, la ingerencia de potencias extranjeros en los asuntos políticos internos. De hecho, con el actual Gobierno de Mario Monti Italia ya acepta de hecho la tutela ejercida por los gobiernos de los países centrales de la UE y por el Banco Central Europeo (liderado ahora por Mario Draghi, buen amigo de Mario Monti) sobre sus procesos políticos internos
8. Porque El Gobierno de Mario Monti allana el terreno a una nueva victoria de la derecha política
El Gobierno de Mario Monti es directa expresión de los intereses de clase de la grandes familias de emprendedores del Norte de Italia (así como del Vaticano), en una alianza con la media y pequeña burguesía productiva y (a través del Partido Democratico) con una parte de las clases populares. Si – como lamentablemente es muy probable – el Gobierno Monti será recordado en los libros de historia por una política económica de austeridad, recortes presupuestarios, desregulación económica y disminución de derechos laborales, ninguna ventaja vendrá al centro-izquierda del haber apoyado políticas que pertenecen a la tradición de los partidos conservadores. Las grandes centrales sindicales (así como la patronal) han asegurado su lealtad al Gobierno de Mario Monti, lo que conlleva que intentarán mantener una paz social que permita al Gobierno perseguir su programa de restauración financiera sin protestas en la calle. Si bien es posible prever una cierta rentabilidad política para la izquierda radical aglutinada alrededor del Partido della Rifondazione Comunista, el papel totalmente marginal que esta formación política tienen en Italia en este momento hace bastante improbable que pueda jugar un papel mucho más importante en el futuro. Todo vaticina que la derecha política – con o sin un Berlusconi ya senil – verá reforzada su hegemonía política con las próximas elecciones.