lunes, 5 de marzo de 2012

Historia de L.: un cuento para amigos, y para los que no saben de serlo


Tengo un amigo. Esta amigo se llama L. L. arrastra desde muchísmos años un gran defecto: nunca sabe decir que no.

 Ejemplo: el poder echa a la calle algunos millares de profesores de la escuela pública, mientras que forra de dinero colegios privados que le son fieles. Un poco aturdidos, sin saber a quienes volcarnos, llamamos: “¿L., nos echas una mano a párales los pies? “ No acabamos de pronunciar la ultima “s”, que L. ya ha desaparecido en una neblina verde, repartiendo algunas millares de octavillas.

 Otros (no, de verdad no son “otros”; son los mismos de antes) quieren hacer del agua que bebemos una fuente de negocios para unos sinvergüenzas que serían capaz de extraer dinero de la sangre de su propia madre, si la tuvieran. Nos entra el pánico ¿Qué hacer? Nos miramos, otra vez un poco perdidos. L. se calla, nos mira, mira para abajo, fruye un poco el ceño, coge lápiz y papel y dibuja el plan de resistencia.  Mientras que nosotros lo estudiamos, ya L. está preparando la próxima pancarta, otra vez desaparecido en una neblina, esta vez azul.

 Y esto lo pierde. Por qué L. tiene otro gran defecto: que no es solo mi amigo (bueno, a decir toda la verdad yo lo conozco muy poco), sino de mucha y mucha, y mucha otra gente. Y toda esta gente son como mil riachuelos que L. canaliza, fluye, mezcla, pone en contacto, moviliza. Los amigos de los amigos se vuelven amigos entre ellos, tejen redes, complicidades y otras amistades con otros que de L. solo han oído hablar por terceras personas.

 Hoy he aprendido que somos 167000; 167000 amigos que, en un domingo de cielo gris y buen futbol, se han acercado a mesas y carpas distribuidas por toda la Comunidad de Madrid para decir que sí, queremos que el Canal de Isabel II sigua siendo público, 100% público.

 Pero, hoy he aprendido también que 167000 amigos asustan al poder, si el poder es su enemigo.

 El poder ahora tiene miedo. Y el poder es también présbite: solo ve su forma de existir y de funcionar. “167000 amigos no pueden ser una realidad. Son un espejismo, un truco de magia. Tiene que existir un hechicero que crea esta ilusión de amistad colectiva. Si cortamos la cabeza de este mago, las mareas de los 167000 amigos volverán a ser una masa amorfa y anónima.” – esto piensa al poder.

 El poder – que tiene miedo – tiene también a sus periodistas. Sus periodistas  escriben columnas en sus periódicos. Y justo hoy, el día que 167000 amigos han descubierto de serlo, una de estas columna habla de L.

 ¿De qué habla la columna? No habla de la niebla verde que deja cuanto corre de una manifestación a una asamblea, ni de la niebla azul que deja cuando sale de un reparto de octavillas para dar una charla. No habla de las escuelas que cierran, del agua que nos roban, del trabajo que desaparece, de la luz con la qué unos señores se forran a nuestra cuesta.

 ¿Y de qué habla, entonces? Pues, habla del coche de alta gama, de las propiedades, de los terrenos, de la cubertería de plata que mi amigo L. no posee, pero que sería bueno que tuviese para que los 167000 amigos empezasen a sospechar de el. Y más. Habla de donde vive. Muestra una fotografía de buena calidad y formato adecuado para que cualquiera pueda reconocerlo en la calle. Para que los que todavía no saben que son sus amigos, empiecen a odiarlo.

Avvertimento. Así se llama en mi tierra. El diccionario lo traduce muy bien: “intimidación”.  No sé si lo hemos aprendido nosotr@s de vosotr@s o al revés. Sin embargo, en mi tierra quienes lanzan estos avvertimenti se identifican con una sola palabra: mafiosi.

 Así que hoy también he conocido un nuevo mafioso. Se llama: V.. El periódico mafioso que le paga su sueldo miserable se llama “El Mundo”. Cada uno haga con esta información lo que su conciencia de ciudadano le sugiere.

 Yo, por mi cuenta, lo cuento a mis 167000 amigos.

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